Como en muchos otros países de este bizarro mundo, en Colombia pasan cosas increíbles. Un alcalde trata de incentivar la lectura mientras otros la combaten con los impuestos
La alcaldía de Bogotá tiene un decreto por el cual se adoptan los Lineamientos de Política Pública de Fomento a la Lectura del Distrito Capital para el período 2006-2016, que considera “la lectura y la escritura como bienes de interés público” y declara que “son derechos de todos los seres humanos, a los cuales el Estado debe responder”.
Pero por otro lado existe un borrador de la reforma tributaria, que se presentó para ser tramitado en el Congreso, que grava con IVA del 10 por ciento el papel de prensa, los cuadernos escolares, los lápices para escribir y colorear, “los diarios y publicaciones periódicas, incluso ilustradas, y los libros, las revistas o los folletos coleccionables seriados de carácter científico y cultural“.
Gravar con Impuesto de Valor Agregado (IVA) la actividad cultural, mientras paradójicamente, “la importación de armas de guerra para la defensa nacional” queda sin impuestos es absurdo y vergonzoso. Como muy bien lo dice la cronista Yolanda Reyes:
Una lógica perversa se oculta entre esas líneas. Si aprueban ese texto de reforma tributaria que ustedes pueden consultar, valiéndose de su derecho a la lectura, verán que desde enero del 2007 tendremos que dedicarnos a beber cerveza, pues baja del 11 al 10 por ciento. O a dispararnos y a perder sangre, que sigue siendo tan barata. No invento nada: como lo leí lo cuento. Por eso pienso que en Colombia, la única forma de no ser subversivo es ser analfabeto.
Vía El planeta en pantaloneta